Durante años, la oficina intentó parecer una oficina cada vez más eficiente. Mesas compartidas, salas acristaladas, phone booths, zonas colaborativas y, por supuesto, una cocina abierta que debía convertirse en el nuevo corazón social de la empresa. Pero algo ha cambiado. Después de la consolidación del modelo híbrido, el problema ya no consiste únicamente en conseguir que los empleados puedan trabajar desde la oficina. El verdadero reto es conseguir que quieran volver a ella.
Y aquí aparece una idea que está transformando la arquitectura corporativa internacional: el “Third Space” o “Tercer Espacio”. Inspirado originalmente en lugares como cafeterías, hoteles boutique, bibliotecas o clubes privados, este concepto propone crear dentro de la empresa espacios que no se perciban como una oficina convencional. Lugares donde sea posible trabajar, conversar, tomar un café, tener una reunión informal o simplemente coincidir con otros compañeros. En Barcelona, especialmente en el ecosistema empresarial del 22@, esta tendencia abre una nueva vía para entender el diseño de oficinas: menos espacio corporativo tradicional y más experiencia.

¿Qué es exactamente un “Tercer Espacio” corporativo?
El concepto de Third Place fue popularizado por el sociólogo Ray Oldenburg para describir aquellos lugares que ocupan un espacio intermedio entre el hogar y el trabajo. Una cafetería de barrio es un buen ejemplo. También lo puede ser un hotel con un lobby especialmente atractivo, una biblioteca o un club social. Son espacios donde las personas permanecen porque la experiencia de estar allí tiene valor en sí misma. La oficina contemporánea está empezando a incorporar precisamente esta lógica.
El objetivo no es crear una cafetería dentro de la oficina simplemente porque el café sea importante. Es mucho más ambicioso: diseñar una parte de la empresa como un destino social. La diferencia es fundamental. Una cafetería convencional dentro de una oficina responde a una necesidad funcional: preparar una bebida. Un auténtico Third Spaceresponde a una necesidad social: encontrarse. Por eso estas nuevas áreas no se parecen necesariamente a un comedor corporativo tradicional.
Pueden incorporar una barra de café de especialidad, sofás, butacas, mesas pequeñas, iluminación ambiental, materiales naturales, vegetación y una acústica cuidadosamente estudiada. El resultado debe sentirse más cerca de un buen hotel boutique que de una sala de descanso corporativa. La intención es generar una atmósfera que invite a quedarse, no simplemente a pasar. Y ese matiz es fundamental cuando hablamos de oficinas que compiten directamente con la comodidad y flexibilidad del hogar.

Del “office kitchen” al corazón social de la empresa
Durante mucho tiempo, la cocina fue el lugar destinado a generar encuentros espontáneos. La fórmula era sencilla: máquina de café, nevera, microondas y una mesa alta. Pero esta estrategia empieza a quedarse corta. El empleado actual tiene acceso en casa a cafeteras de calidad, espacios cómodos y tecnología suficiente para realizar gran parte de su trabajo. Si la oficina quiere competir con esa experiencia, no puede limitarse a ofrecer una cocina mejor equipada.
Tiene que ofrecer algo que el hogar no puede proporcionar: comunidad. Por eso el diseño del Third Space se concentra en crear situaciones que favorezcan encuentros casuales. Una barra puede convertirse en un punto de interacción. Una mesa comunal puede facilitar conversaciones entre departamentos. Un sofá puede acoger una reunión improvisada. Una pequeña biblioteca puede convertirse en un lugar de concentración. La clave está en que el espacio no determine una única conducta.
No todo tiene que estar etiquetado como “sala de reuniones”, “zona de trabajo” o “comedor”. El espacio puede ser deliberadamente ambiguo. Y precisamente ahí reside buena parte de su atractivo. Cuando un empleado puede sentarse a trabajar durante veinte minutos, mantener una conversación informal o simplemente tomar un café con un compañero sin sentir que está ocupando un lugar inadecuado, la oficina empieza a funcionar de una manera mucho más orgánica.
La cafetería de especialidad entra en la oficina
Uno de los referentes estéticos más evidentes es el auge internacional de las cafeterías de especialidad. Pero no se trata únicamente de instalar una máquina de espresso profesional. Las cafeterías contemporáneas han desarrollado una auténtica gramática espacial: iluminación cálida, madera, piedra, cerámica, textiles, vegetación, mobiliario confortable y una identidad visual muy cuidada. Todo ello produce una sensación radicalmente distinta de la tradicional oficina iluminada con luz blanca.
Las empresas están trasladando esa lógica a sus espacios corporativos. La barra de café puede convertirse incluso en un elemento arquitectónico central. No como una pequeña zona escondida junto a la impresora, sino como un punto de referencia dentro de la planta. La idea es sencilla: si queremos que las personas se relacionen espontáneamente, debemos diseñar lugares donde resulte agradable permanecer. Y permanecer es precisamente lo que muchas oficinas tradicionales no conseguían.
Iluminación cálida: abandonar la estética de “oficina”
Uno de los cambios más visibles está en la iluminación. La iluminación uniforme y excesivamente blanca ha sido durante décadas una característica asociada a los espacios de trabajo. Pero los nuevos espacios sociales buscan una atmósfera mucho más cercana a la hostelería. Lámparas decorativas, iluminación indirecta, luminarias suspendidas sobre mesas y diferentes niveles de intensidad permiten crear una experiencia más doméstica y sofisticada.
No se trata de oscurecer la oficina. Se trata de diferenciar ambientes. Una zona de concentración puede necesitar una iluminación determinada, mientras que un lounge social puede funcionar mejor con una luz más cálida y envolvente. Esta variedad ayuda a que una misma planta deje de sentirse como un espacio homogéneo y empiece a funcionar como un pequeño ecosistema. La iluminación deja de ser únicamente técnica para convertirse también en una herramienta emocional.

El auge del “resimercial design”
Otro elemento fundamental es el llamado resimercial design, una combinación de residential y commercial. En términos sencillos, consiste en llevar la sensación de un interior residencial al entorno profesional, pero utilizando materiales y productos capaces de soportar un uso intensivo. Aquí aparecen sofás, sillones, alfombras, cortinas, mesas auxiliares, lámparas decorativas y elementos de madera que tradicionalmente asociábamos al hogar.
La diferencia está en la ingeniería que hay detrás. Un sofá corporativo no puede ser simplemente un sofá doméstico colocado en una oficina. Necesita materiales resistentes, facilidad de mantenimiento y unas prestaciones adecuadas para un uso mucho más intenso. Por eso el reto para los diseñadores consiste en conseguir la apariencia de un interior residencial sin sacrificar durabilidad. El resultado puede ser sorprendentemente sofisticado.
Una oficina puede tener la comodidad visual de un salón, la atmósfera de un hotel y, al mismo tiempo, las prestaciones técnicas de un espacio corporativo. Esta combinación explica por qué el resimercial design está adquiriendo tanta relevancia. Ya no se trata de hacer que la oficina parezca “más bonita”, sino de transformar la percepción que tenemos de lo que debe ser un espacio profesional.
Barcelona y el potencial del 22@
En este contexto, Barcelona tiene un escenario especialmente interesante. El distrito 22@ concentra empresas tecnológicas, startups, agencias, compañías internacionales y nuevos espacios de trabajo que compiten no solamente por clientes, sino también por talento. En sectores donde una parte importante del trabajo puede realizarse desde casa, la oficina necesita justificar su existencia de otra manera. Y aquí el diseño adquiere una dimensión estratégica.
Para una empresa internacional, puede convertirse en un espacio de representación de la cultura corporativa. El café deja entonces de ser simplemente café. Se convierte en infraestructura social. Y este cambio de perspectiva es especialmente relevante en Barcelona, donde el diseño, la gastronomía, la arquitectura y la cultura de la hospitalidad forman parte de la propia identidad de la ciudad.
Diseñar para la innovación espontánea
Existe además una razón estratégica detrás de esta tendencia. Muchas de las conversaciones más interesantes dentro de una organización no están programadas. Una idea puede aparecer mientras dos personas esperan un café. Un empleado puede coincidir con alguien de otro departamento. Una conversación de cinco minutos puede desencadenar una colaboración que nunca habría surgido en una reunión formal.
El Third Space intenta crear las condiciones físicas para que estas situaciones ocurran. No puede fabricar innovación. Pero sí puede aumentar las oportunidades de interacción. Por eso es importante evitar un error frecuente: convertir estas áreas en simples espacios de decoración. Un lounge espectacular que nadie utiliza es un fracaso de diseño. La arquitectura debe analizar cómo se mueven realmente las personas.
También debe estudiar dónde se detienen, cuánto tiempo permanecen y qué grado de privacidad necesitan. El diseño social requiere estrategia. No basta con colocar unos sofás bonitos junto a una máquina de café. Hay que entender qué tipo de comportamiento se quiere provocar y construir el espacio alrededor de esa intención. La estética es importante, pero la experiencia siempre debe estar por delante.
No todas las oficinas necesitan una cafetería de lujo
La tendencia tampoco significa que todas las empresas deban construir un coffee shop interno con acabados de hotel cinco estrellas. El verdadero valor está en entender el principio que hay detrás. Una pequeña empresa puede conseguir un efecto similar con una buena barra de café, materiales cálidos, iluminación bien resuelta y mobiliario confortable. Una gran corporación puede desarrollar un auténtico hospitality floor, con diferentes ambientes y servicios.
La escala cambia. La filosofía, no. La pregunta que debería hacerse cualquier empresa antes de diseñar su próxima oficina es: ¿qué experiencia estamos ofreciendo que el empleado no puede obtener trabajando desde casa? Si la respuesta es “una mesa, una pantalla y Wi-Fi”, probablemente el diseño todavía tenga mucho margen de evolución. Si, en cambio, la respuesta es comunidad, interacción, inspiración y pertenencia, estamos hablando de otra categoría de oficina.

El futuro de la oficina será más parecido a la hostelería
La frontera entre oficina, hotel, restaurante, club y espacio de trabajo está desapareciendo. Durante décadas, cada uno de estos lugares tenía un lenguaje arquitectónico muy definido. Hoy, en cambio, los espacios más interesantes mezclan códigos. Un hotel puede tener zonas de coworking. Una cafetería puede estar diseñada para trabajar durante horas. Una oficina puede incorporar un lobby de inspiración hotelera.
Y una empresa puede utilizar el diseño de interiores como una herramienta para construir cultura. En Barcelona, esta transformación representa una oportunidad especialmente relevante para las empresas del ecosistema tecnológico y creativo. El futuro de la oficina no pasa necesariamente por tener más metros cuadrados. Pasa por conseguir que cada metro cuadrado tenga una razón para existir.
El Third Space representa precisamente ese cambio de paradigma: pasar de diseñar oficinas para que las personas trabajen a diseñar experiencias a las que las personas quieran acudir. Y quizá ahí esté la verdadera evolución del espacio corporativo. Porque cuando el hogar ofrece comodidad, flexibilidad y privacidad, la oficina tiene que ofrecer aquello que una videollamada nunca podrá reproducir completamente: encuentro, pertenencia, espontaneidad y comunidad.

















